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El poblamiento tradicional leonés, pueblos entre cien y 900 habitantes, está en
franco retroceso En el año 1996 había en la provincia un total de 517.191 habitantes divididos en
1.398 localidades
Casi la mitad de los leoneses viven en la actualidad en núcleos de más de 5.000
habitantes
Dos de las consecuencias de
los trascendentales cambios económicos y sociales experimentados por
España en este siglo en lo que respecta a la población, han sido la
movilidad geográfica y la tendencia a la concentración de medios humanos
en determinadas áreas privilegiadas como la costa mediterránea (Cataluña
y Levante) o Madrid. En todo el proceso, despuntan con fuerza dos
sucesos que vienen a ser las caras opuestas de la misma moneda:
despoblación rural y aglomeración urbana.
LEON. Juan M. Álvarez Domínguez
A todo ello no es ajena la provincia de León; cuyo tipo de poblamiento en muy
poco se parece al de 1900 o incluso al de los años 40 ó 50.
Muchas de nuestras ciudades, villas y pueblos han experimentado grandes cambios en el
número de habitantes, de consecuencias traumáticas en el caso de los pequeños y
medianos núcleos, que han modificado totalmente sus características históricas y su
existencia diaria.
Es difícil imaginar para los que no lo conocieron, lo que pudo ser hace cincuenta o
sesenta años la vida cotidiana en comarcas como La Cabrera, Valcarce, La Omaña, o las
vegas altas del Cea o el Esla, cuando en la actualidad, en la mayor parte de sus
localidades sólo contemplamos calles vacías y casa cerradas. Justo la transformación
contraria se da en ciudades como León o Ponferrada y pueblos como Villablino o Flores del
Sil, en los que las construcciones nuevas y los bloque de pisos arrinconan y empequeñecen
los cascos viejos.
La provincia leonesa ha presentado históricamente una densidad de núcleos de
población por Km2 bastante elevada y en una proporción intermedia entre la gran
atomización de Galicia y Asturias en pequeñas aldeas, y el poblamiento disperso
terracampino en villas.
A lo largo del presente siglo, el número de entidades de poblamiento estables en León
varía entre las 1400 y las 1550.
Aunque oscilante, resulta más cercana a la realidad la cifra más baja, ya que hasta
1960 aparecen contabilizados en los censos como tales núcleos casas de labor y caseríos.
Sin embargo, no se puede ni se debe olvidar a este respecto el conjunto de localidades
que entre los años 40 y los 90 desaparecieron bajo las aguas de diversos pantanos. Una
treintena de pueblos montañeses, cuya pérdida sensible para toda la provincia, resulta
fatídica y destructiva a escala local y comarcal.
Atendiendo al número de habitantes, se podrían establecer para el caso propio e
intrínseco leonés una división en seis tipos de núcleos: Núcleos de gran tamaño
(urbanos o semiurbanos): más de 10.000 habitantes; núcleos muy grandes: entre 5000 y
9999 habitantes; núcleos grandes: entre 1000 y 4999 habitantes; núcleos medianos: entre
200 y 999 habitantes; núcleos pequeños: entre 50 y 199 habitantes; núcleos muy
pequeños: menos de 49 habitantes.
Analizando los nomenclátores de 1900, 1950 y 1996 y atendiendo a la división
anterior, la provincia leonesa presenta grosso modo la siguiente evolución.
Según el nomenclátor de 1900, habitarían la provincia 386.083 personas repartidas en
1483 unidades de población. Más del 61% de los leoneses vivirían en núcleos de tipo
mediano, destacando con algo menos del 45% los pueblos con un censo de entre 200 y 500
personas. En segundo lugar nos encontramos los núcleos pequeños con el 24% del total.
La población urbana se restringía a la capital y era una cifra
casi insignificante que no llegaba al 4% (en aquella época León
ciudad contaba con 14.048 habitantes) y sólo Astorga lograba superar |
ligeramente
los 5000; no llegando la capital berciana a contabilizar 3000
ponferradinos. En los núcleos muy pequeños (6 categoría) vivían tan
sólo algo más de 1 de cada 200 leoneses (el 0,7%).
En lo que respecta a las localidades, casi una de cada dos eran núcleos pequeños y el
44% núcleos medianos, no llegando a 5 de cada 100 las que contaban con menos de 50
moradores.
En 1950 la situación presenta ya ciertas diferencias. La población de hecho ascendía
a 544.779, repartidas en 1.535 localidades. La población seguía viviendo
mayoritariamente en centros de tipo mediano (más de uno de cada dos), aumentando a casi
el 20% los pueblos situados entre 500 y 999 habitantes. Creció de forma muy significativa
el número de personas que viven en núcleos grandes (casi el 18%), así como la
población urbana cercana ya al 13% y repartida entre dos ciudades: León con 57.026 y
Ponferrada con 13.178. Astorga rondaba los 10.000 y La Bañeza sobrepasaba los 6.500.
Los leoneses que vivían en núcleos pequeños y muy pequeños no llegaban al 15%. Sin
embargo, la mitad de los pueblos de la provincia (773) tenían menos de 200 habitantes, y
sólo unas 60 localidades rebasaban los 1000 (4% del total).
En la actualidad (cifras de 1996) el panorama es bien diferente.
La población es de 517.191 habitantes distribuidos en 1398 localidades.
Hay ya cinco núcleos que sobrepasan los 10.000 concentrando en sus cascos urbanos el
41% de nuestra población. Estos centros son León, Ponferrada, Trobajo del Camino (pueblo
dormitorio de la capital), Astorga y La Bañeza.
Otras cuatro localidades estarían englobadas en la segunda categoría: Bembibre,
Flores del Sil, Villablino y Armunia (dos de ellas en las áreas periurbanas de Ponferrada
y León).
Con lo que casi la mitad de los leoneses viven en núcleos de más de 5000 habitantes,
multiplicando por 10 la estadística de 1900 y tomando el relevo a las poblaciones de tipo
medio que actualmente acogen sólo al 20%.
Dato curioso y preocupante es el incremento significativo de los núcleos muy
pequeños: más de 12.500 personas viven en pueblines que no llegan a la cincuentena de
habitantes pero que desgraciadamente supongan una de cada tres localidades leonesas. Este
incremento viene dado por el gran descenso sufrido en las últimas cuatro décadas por los
pueblos medianos y pequeños (4 y 5 categorías).
El tipo de poblamiento tradicional leonés (pueblos entre cien y 900 habitantes) está
en franco retroceso en favor de núcleos urbanos y periurbanos.
Esto no sería tan preocupante, si no corriéramos el grave y triste riesgo de que a un
buen número de los 150 pueblines que en la actualidad no alcanzan los 25 residentes, les
suceda lo mismo que a la treintena anegada por los embalses: que viendo nacer el siglo XX,
nadie contemple desde ellos la entrada en el XXI.
Por otra parte, León avanza hacia un nuevo modelo de poblamiento cuyo esquema básico
aún está por fijar, pero en el que sería de vital importancia desarrollar una política
que favoreciera la fijación de servicios (médicos, educativos, comerciales, de ocio,...)
en las cabeceras comarcales.
Para ello sería necesaria la implicación activa de las distintas administraciones
(estado, autonomía, diputación y municipio) y más importante que todo ello (pero sin
que sirva de excusa para sustituir lo anterior), la concienciación e iniciativa local de
los propios leoneses.
Si se logra que estas capitales a pequeña escala ofrezcan una asistencia a los niveles
anteriormente citados lo suficientemente completa y atractiva para fijar su propia
población, conseguiremos al tiempo, un antídoto contra la enfermedad mortal que aqueja a
los pequeños y medianos pueblos que giran en torno a estas localidades; sin el desarrollo
de las cuales, están condenados de desaparecer en un breve plazo a tiempo
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