En la montaña
se habla buen
castellano, con una pronunciación, construcción y sintaxis normales: el habla corriente
de las clases de su nivel cultural con la sobriedad, casticismo y propiedad del labrador y
del ganadero, seguros de sus conocimientos profesionales y con la vivacidad y locuacidad
de la mujer aldeana
Por lo que se refiere a la fonética, el tejerinense habla sin tono ni
acento especial, se expresa con la llaneza de los pueblos de Castilla y de la montaña
leonesa, sin un asomo de entonación asturiana que la cercanía de la raya con Asturias
puede causar en los últimos pueblos al norte de la provincia de León.
Poco puede observarse acerca de la pronunciación de las letras, así
como de las contracciones o supresión de sílabas, pues en nada desdice del uso común de
los pueblos de la región y de las dos Castillas en general. Notaremos, por ejemplo, la
sustitución del sonido k en sonido z cuando la letra c está en
posición final de sílaba, como en acto, recto, doctrina, que pronuncian azto,
rezto, doztrina.
Es normal, y digo normal porque es de uso corriente en todas partes, la
terminación de ao por ado en los participios, adjetivos y algunos nombres (cerrao,
porfiao, prao). Pero no se usa en Tejerina la terminación más rústica au
(llegau, prau, soldau), ni mucho menos se suprime la sílaba da en las
terminaciones femeninas, como bofetá (bofetada), moná (monada); ni tampoco se
suprime la letra d en los términos en que esa letra se encuentra entre dos vocales
de sílaba final, como venío (venido), menúo (menudo), tó (todo), ca
(cada), cantaor (cantador). El cambio de ado por ao es de uso tan común en
todo el inundo de habla española, que hoy día se considera aceptable en la conversación
corriente. En los vocablos tejerinenses es el único aceptable, ya que la terminación
puramente gramatical resultaría afectada y ridícula. Hay que decir esgamiao,
rejastriao, arriscao y nunca esgamiado, rejastriado, arriscado
No hay en la montaña leonesa ni ceceo (uzté), ni seseo
(corasón), como no los hay en todo el norte de España; pero algo hay que
observar con relación al yeísmo, o sea, a la pronunciación de la ll con
sonido de y (cabayo por caballo, yuvia por lluvia, Castiya por Castilla... Es
éste un sonido que se está difundiendo rápidamente en las capitales, entre las clases
cultas, en la radio y en el cine, y que, a juicio de muchos podrá llegar a imponerse en
el mundo hispánico, con las consiguientes dificultades para la ortografía, como las
tenemos ya con la distinción entre la b y la v. Creo que el yeísmo es
adoptado algunas veces por personas de los pueblos, bajo pretensión de refinamiento
cuando aparecen como forasteros en otros pueblos
tengo la impresión de que algunas palabras, notablemente el verbo jugar,
tardaron mucho tiempo en introducirse en el pueblo, en la creencia de que eran
características de las clases ultrarefinadas. En concreto, al verbo jugar le. costó
caro conseguir carta de ciudadanía, siendo sustituido por otros más ambiguos, como andar,
enredar (andar a la maya, enredar a, las prendas).
En su niñez, el autor de estas Iíneas nunca jugó a nada, siempre anduvo y enredó
a todo. Y cuando jugar se atrevió a hacer su entrada legal, lo hizo
tímidamente en la forma incorrecta de juegar. Ahora, naturalmente, todo es jugar
al fútbol y a toda clase de deportes. Lo mismo podríamos decir de la terminación
diminutivo de los pronombres y adjetivos, ito, ita Había en estas terminaciones
algo del señorito, que no iba bien con las gentes de Tejerina, y creo que no son
usadas todavía. El diminutivo tejerinense es infaliblemente in, ina (un
pajarín, una casina, un corderín, un poquitín, pero no un poquito un corderito,
etc.). En esto podría haber alguna influencia asturiana.
Finalmente, son comunes en Tejerina ciertos apócopes de uso muy extendido en todas
partes en la conversación ordinaria: Pa por para (pa ti, pa que
veas); na, por nada (na más que esto); y también ca por casa (en ca tía
Bernarda, o en ca de tía Bernarda). Usase también el título
-de tió y tiá aplicado a personas mayores (tió Camilo, tió
Amador, tiá Basilisa), con el mismo sentido de deferencia y respeto que los títulos ,de
señor y señora.
A pesar de su relativa cercanía con Asturias, no me parece que
exista una marcada corriente asturiana en la morfología, como tampoco la hay en la
fonética. Pero es curioso que un número considerable de pagos del término vecinal lleva
nombres con terminación en ¡ello, ¡ella, que manifiestan una clara influencia
astúrica. Así tenemos los siguientes : El Pandiello, La Pandiella, El Corriello,
Navidiello, El Naviello. El Colladiello, La Colladiella, El Campiello, La Piniella, La
Ribiella, Las Pidriellas. En los nombres sustantivos comunes no se me ocurren más que
carabiella, cadiello y cascabiello, cuyo origen desconocemos, pero cuyo sonido es
ciertamente asturiano.
Como dijimos anteriormente al hablar del pastoreo trashumante, la
-estancia de los pastores en tierras extremeñas no ha afectado mayormente su psicología
ni ha significado una notable aportación linguística al léxico tejerinense. A lo sumo,
se notará en el sonido fuerte de la h en algunas palabras castellanas, como zajurda
(zahurda), zajón (zahón) y trancajilo (trancahilo), y quizás en jondear o
jondiar (lanzar lejos), que pudiera se una analogía de ¨hondear¨, como se lanza una
piedra con la honda.
Fuera de estos casos y ejemplos, el resto del vocabulario es sabor
local, si no siempre autóctono del pueblo, al menos regional del nordeste montañoso de
León