Cuando llega la noche, y se ilumina con sus características farolas coloniales, proporciona un aspecto evocador y romántico. El transitar por ella provoca una sensación escalofriante, y al mismo tiempo el raro atractivo de transitar en una ciudad de la Edad Media, acentuada por la altura de sus muros que se mantienen unidos por sus cuatro arcos, y adornados por ventanas de barrotes de hierro y hermosas macetas repletas de flores y verdes enredaderas.
La calle del Padre Belaunzarán lleva consigo una evocación histórica, al rememorar la excelsa hazaña del ilustre dieguino, al contener al Conde Flon aplacando su iracunda fiebre de venganza salvando así a la población de Guanajuato.
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